El preludio del CAOS
Cuando el vivir en automático ya no puede sostenerte...
4/8/20262 min read
¿Has sentido que tu día empieza como cualquier otro…
y de repente ya estás en la cama, lista para dormir, sin saber qué pasó en el intermedio?
¿Te has sentido alguna vez en automático?
De esas veces en las que evitas, casi sin darte cuenta, observar lo que sucede…
porque hay algo más grande —algo que no comprendes— que no te permite tomar conciencia de ti misma.
Te entiendo…
Es tan difícil encontrarse en ese lugar sombrío y gris.
Es tan difícil encontrarte a ti misma.
De alguna extraña forma, tu esencia, tu voz, tu alegría… incluso tu capacidad de sentir,
parecen estar perdidas, encarceladas en algún lugar.
Y no sabes dónde. No sabes dónde buscar.
…pero la verdad es que ni siquiera quieres hacerlo.
No quieres mirar.
No quieres oír.
No quieres sentir.
Solo quieres huir, anestesiar… tapar lo más rápido posible cualquier atisbo de incomodidad.
Te diré algo:
la cárcel donde está todo lo que perdiste —y ahora duerme— no es una sola cosa.
Es un tumulto.
Son miedos.
Emociones no procesadas a las que nunca les diste espacio para existir dentro de ti.
Hábitos mentales que te paralizan.
Decepciones.
El peso de vivir una realidad que no te gusta.
En fin… dolor.
Algo duele.
Hay una herida —anestesiada— pero sabes que está ahí.
Sabes que necesita atención para sanar… pero, en lugar de eso, le das la espalda.
Pero de repente, sin razón aparente…
una punzada se te incrusta en el pecho.
Respiras con dificultad.
Tus ojos se abren —redondos, brillantes, sorprendidos… tristes—
mientras jadeas, con la esperanza de no sentir
el ardor del dolor que empieza a recorrer tus adentros.
Como cuando despiertas de una pesadilla:
asustada, sudorosa, confundida.
Ese instante inevitable…
en el que, por fin, tienes que mirar hacia adentro de ti misma.
Porque hay algo que empieza a incomodarte y no sabes cómo nombrarlo.
¿Te ha pasado… que sientes que todo se viene abajo?
¿Qué empiezas a cuestionar todo aquello en lo que creías?
Sin duda, llega un punto en el que se vuelve imposible de ignorar.
El peso del dolor.
Comienzas a ver las grietas de tu propia existencia…
y el poco control que tienes sobre lo que te rodea.
Es algo increíblemente difícil de ignorar.
El comienzo de algo más grande que tú misma.
El gran caos.
Pero hay algo que necesitas saber, que es sumamente esperanzador:
el caos no ha venido a destruirte.
Ha llegado alegre —casi con intención—
para volverte más consciente, más abierta…
y, sobre todo, más hambrienta de conocerte a ti misma.
Ha llegado solemne.
A despertarte.
A sacudirte.
A desbalancearte.
A mostrarte todo aquello que ya no puede sostenerte más.
Llegó —firme, incluso dramático—
con un propósito que no entendías…
hasta ahora: darte un nuevo comienzo.
Si algo de esto resonó contigo… acompáñame en este recorrido.
Tal vez, paso a paso, podamos encontrarnos un poco más.